La sombra de la ovejita - Cuento Corto
Hace algunos ayeres, lejos del ruido urbano de Tijuana, una feroz bestia acechaba caudalosamente a una pequeña ovejita cuyos ojos redondos y luminosos y su tierna sonrisa revelaban la inocencia propia de su corta edad. En aquellas colonias, donde el silencio dominaba a lo largo de la carretera, parecía reinar una paz inquebrantable. Sin embargo, la feroz criatura rehusaba la oscuridad de la noche —no, no, no—, pues, a pesar de su salvajismo, ideaba acercarse a las ovejitas durante el día, sabiendo que en horas de luz ellas quedaban desprotegidas. Con una calma y paciencia sin medida, la bestia aguardó el instante perfecto para aproximarse a la ovejita. Una vez que estuvo cerca, ganó su confianza, y, en un gesto tan extraño como inquietante, le pellizcó los cachetes. Día tras día, la acechaba y acariciaba con delicadeza sus diminutas orejas; pero sus caricias y pellizcos se volvían excesivos, y la pequeña, perdida en la confusión, intuía en lo más profundo de su ser...